Reforma a la Ley de Zonas Francas: Un llamado al Congreso

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Fanny D. Estrada

Previo a la pandemia del Covid-19, las Zonas Francas ya eran un tema discutido en el país por varios años, en particular los últimos 3, en que casi desaparecen. Las Zonas Francas Constituyen una de las herramientas de política pública más utilizadas en el mundo para atraer inversión. En Guatemala, en 2016, el Congreso y un centro de análisis tributario, prácticamente las enterraron.

 Pasados 4 años, hoy podemos evaluar los resultados de esa decisión: cerraron 100 empresas y se perdieron 3000 empleos. La recaudación que antes se captaba por las zonas francas disminuyó, las empresas se fueron y los trabajadores habría que preguntarles si lograron encontrar un nuevo empleo. Las exportaciones de Zona Franca pasaron de $734 millones en el año 2015 a $583 millones al año 2018, 21% menos. Según un análisis realizado por MINECO, la recaudación de impuestos internos provenientes de ZF, ISR e ISO, venía incrementándose del año 2010 al año 2015. Pero del 2017 al 2019, los años posteriores a la reforma, la recaudación permaneció prácticamente igual. Esto significa que la reforma a la ley de ZF redujo el potencial de recaudación del ISR y del ISO, logrando todo lo contrario a la apocalipsis fiscal  que los reformistas habían pronosticado y afirmado sucedería.

Hoy por la pandemia, las autoridades reportan 60,000 empleos perdidos por la paralización de la actividad productiva. La necesidad de crear oportunidades de trabajo se ha magnificado y si bien hay programas de ayuda y llevaron  alimentos a muchas familias que no tienen ingresos, eso es temporal  ha implicado millones de quetzales en deuda del Estado y no les da futuro .

El ministerio de Economía ha lanzado su plan de reactivación económica, igualmente lo ha hecho la Comisión de Economía del Congreso y también el sector privado. Todos coinciden en que se deben aprobar las modificaciones para recuperar las Zonas Francas.

 Una Zona Franca por definición es un área que se considera fuera del territorio nacional, es decir como que estuvieran en otro país. Un conocido gurú dice que no se deberían llamar zonas francas sino, zonas fáciles.  Es decir, todas las dificultades, costos y tiempo que una empresa incurre en un país como Guatemala donde abundan los trámites burocráticos, no hay mano de obra capacitada, apagones de luz etc., en estas zonas, son asumidos por los administradores de tal cuenta que el inversionista, puede dedicarse solo a producir. Son una especie de oasis de competitividad.

La Ley debe volver a permitir que se produzcan ensamble de electrónicos, vehículos, relojería, joyería, medicamentos, cosméticos y muchos otros productos que son típicos de estas Zonas y con ello ir a buscar inversionistas que deseen producir en Guatemala.

Como ciudadana guatemalteca, exhorto a cada uno de los diputados que nos representan en el Congreso de la República a que conozcan y aprueben las Reformas a la Ley de Zonas Francas, buscando así enmendar los daños del 2016. Las ZF aportan directamente en la generación de encadenamientos productivos, tiene un impacto positivo en la economía y ¡además! generan empleos directos e indirectos. Guatemala siempre lo ha necesitado, pero hoy más que nunca.