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Al paso de la infraestructura

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Este corte de los días de la semana mayor es un buen momento para hacer una reflexión de lo que ha pasado en los primeros meses del año, y sobre tareas pendientes.

La sociedad en su conjunto, durante el 2015, hizo un gran aporte al poner fin a la tendencia de destrucción de las instituciones y un hasta aquí a la corrupción. Sin duda, se han desatado varias dinámicas, unas generando esperanza y otras, preocupación. Un Congreso que ha empezado a hacer su tarea atendiendo legislación indispensable para fortalecer la institucionalidad.

La elección de cargos de trascendental importancia para avanzar o retroceder en el combate a la impunidad, es otra. También visualiza ante la población que aún quedan rezagos importantes de viejas ideologías, que persisten con sus propósitos de polarizar a la población y continuar generando conflicto como medio de vida.

Dentro de todo ello, la cultura de desacreditar y destruir ha encontrado un prolífero espacio con una peligrosa actitud de destrucción o desacreditación de personas, sin mayor sustento. Dentro de ello, destaca el comportamiento de la economía, que continúa su proceso de crecimiento, dando señales de estar indiferente a los acontecimientos políticos.

Efectivamente, las predicciones de crecer alrededor de un modesto 4% continúan, dentro de un contexto internacional no muy halagador por los precios deprimidos de los productos. A pesar de ello, la empresarialidad del país, en su conjunto, pequeñas y grandes empresas, se levantan cada día a hacer la tarea de producir, sin parar un minuto.

Otro tema que se ha hecho crisis en lo que va del año son las limitaciones de la infraestructura, por inversiones que debieron haberse hecho hace varios años para evitar las pérdidas económicas de gran cuantía de hoy en día. La saturación de las entradas de la ciudad cuesta miles y miles de horas de personas productivas que hacen colas por la mañana y por la tarde, sumando hasta cinco horas productivas en movilización a los centros de trabajo o estudio.

Ya es impostergable la discusión sobre un sistema de transporte público, como un metro subterráneo. Esa es la salida encontrada por las ciudades que concentran la actividad económica, buscando alianzas público-privadas de gran envergadura a nivel internacional.

La discusión de una carretera que conecte directamente el Pacífico con el Atlántico, para no tener que atravesar la ciudad, ya no puede esperar.

La situación de los puertos, puentes y fronteras del país ha entrado en seria crisis. La producción nacional y la dinámica de las importaciones han rebasado totalmente la capacidad de estos. Las áreas, los equipos, la modernización de las administraciones portuarias y fronterizas se han quedado rezagadas a tal nivel que ya no se dan abasto para dar paso al flujo de contenedores y contenedores que trasportan lo producido en Guatemala. Los barcos están teniendo que pasar de largo dejando la carga, porque no pueden darse el lujo de esperar la lentitud de los puertos.

A ello se suman los constantes bloqueos de personas que aprovechándose de lo anterior protestan por la lentitud, que es una realidad, pero también porque cuando se trata de poner orden se resisten a una acción tan básica como estar identificados con un carnet.

No cabe duda que a la par de la salud, la seguridad, la educación, también la discusión sobre la infraestructura es una urgente necesidad para no ponerle topes a la generación de actividad económica que, como de todos es sabido, es lo que alimenta los ingresos de la población y a la vez alivia las inversiones públicas en salud y educación. Existen muchas modalidades para abordar la modernización de la infraestructura, al igual que lo hacen todos los países con escasos recursos económicos.

Andrea Vides

Guatemalteca, periodista desde hace 11 años. Apasionada por la comunicación. @avides_vgt