Por: Hassan Monteleone quedeahuevo@adcoffee.blog
Asociado a Comisión ITO de AGEXPORT
Los emojis enriquecieron nuestra comunicación, pero también nos hicieron volver a hablar con imágenes. ¿Estamos escribiendo menos y dibujando más?
Un día entre semana, mientras desarrollábamos una campaña para una empresa de computadoras, surgió una idea sencilla para el Día del Cariño: colocar un emoticón guiñando el ojo 😉 sobre una página completamente blanca acompañado por la frase «Todo comenzó con un…». La propuesta funcionó porque, incluso con pocos caracteres, lograba transmitir una emoción.
En aquellos años apenas comenzábamos a utilizar emoticones. Poco después, en 1999, Shigetaka Kurita diseñó los primeros 176 emojis para una compañía japonesa de telefonía móvil. Sin imaginarlo, abrió la puerta a un nuevo lenguaje visual que hoy supera los 4,000 símbolos y continúa creciendo.
Lo interesante no es solo su evolución tecnológica, sino lo que revela sobre nosotros. Los emojis permiten expresar emociones con rapidez, romper barreras de idioma y dar contexto a una conversación. Pero también nos recuerdan algo curioso: después de siglos perfeccionando el lenguaje escrito, hemos vuelto a comunicar muchas ideas mediante pequeñas imágenes, tal como lo hacían nuestros antepasados con las pinturas rupestres.
No considero que los emojis empobrezcan la comunicación. Al contrario, la enriquecen cuando complementan las palabras. Mi reflexión es otra: ¿estamos utilizando estos símbolos para fortalecer nuestro mensaje o para sustituirlo?
La innovación no siempre significa avanzar en línea recta. A veces también nos lleva a redescubrir formas muy antiguas de comunicarnos. Quizá la diferencia no está en usar un 😊 en lugar de un “estoy contento”, sino en recordar que ninguna imagen sustituirá el valor de una buena idea escrita.
Y ustedes, qué opinan 🤔?





