Guatemala tiene talento, productos y mercados por conquistar… pero todavía hay dos barreras que le quitan velocidad y encarecen el trabajo a las empresas exportadoras. Se trata de la energía y la infraestructura.
Cuando estas dos piezas no avanzan al mismo ritmo que el comercio, el resultado es lógico: producir es más caro, mover mercadería toma más tiempo y crecer se vuelve más difícil. Y al final, quien paga el costo no es solo el exportador: también lo sienten los trabajadores, las familias y la economía del país.
Energía (no solo es “tener luz”, es tener certeza y calidad)
Para exportar se necesita continuidad: energía estable para maquinaria, para producción, para centros de empaque, refrigeración y procesos que no pueden detenerse.
Sin embargo, en Guatemala el reto no es únicamente de cantidad de energía, sino de capacidad del sistema y certeza para invertir. Sin esa base, crecen los problemas de abastecimiento y aumentan los costos por soluciones de emergencia.
Datos que muestran el problema:
- El país cerró 2025 con un consumo del SNI de 14,042.01 GWh (+4.81%), y una demanda máxima de 2,204.22 MW (+3.88%). Esto confirma que la economía crece y necesita más energía.
- En 2025 el AMM reportó US$138.2 millones asociados a generación forzada, es decir, costos adicionales que surgen por no contar con suficiente capacidad de transmisión.
- Guatemala aún tiene una brecha territorial: el acceso a energía en 2025 fue de 91.74% de la población, y el BID estima que cerca de 380 mil hogares todavía no tienen electricidad (especialmente en zonas rurales).
¿Dónde se traba la competitividad?
En la práctica, hay proyectos que se atrasan porque obtener permisos y autorizaciones puede tardar demasiado. Y ahí entra una palabra clave: certeza jurídica.
Cuando los procesos no avanzan con reglas claras, los proyectos se retrasan, y lo que se frena es el crecimiento de empresas y empleo.
Infraestructura (vías, logística y conectividad que no alcanzan al ritmo del comercio)
Exportar también es logística: carreteras, puertos, corredores eficientes y tiempos predecibles. Si la infraestructura no mejora, la mercadería se encarece por transporte, por tiempos perdidos y por riesgos en el traslado.
Además, Guatemala compite no solo con el producto, sino con el costo total y la rapidez de entrega. En cadenas globales, esos detalles pesan muchísimo.
Se vuelve más serio cuando la infraestructura energética no está conectada con la logística y la industria.
Porque muchas oportunidades de inversión se quedan a la mitad cuando no hay movilidad eficiente para mover productos o cuando el sistema eléctrico no permite conectar nueva generación (renovables) que podría abaratar costos.
¿Qué se necesita para que Guatemala sea realmente competitiva?
Guatemala no puede tratar energía e infraestructura como temas separados. Deben trabajarse como parte de una misma agenda de competitividad.
En concreto:
- Energía: agilizar permisos y decisiones para que la infraestructura eléctrica se construya a tiempo y con reglas claras.
- Infraestructura: priorizar corredores logísticos que reduzcan costos y tiempos para el sector exportador.
- Planificación de largo plazo: no esperar a que el problema explote; planificar con visión de futuro.
Competir es posible, pero necesita condiciones
Guatemala puede exportar más y mejor. Pero para eso hace falta que el país resuelva dos cosas: energía que no falle y permisos que no eternicen los proyectos, e infraestructura que haga más fácil mover y producir.
Sin avances reales en estas barreras, el crecimiento se vuelve lento. Y cuando el comercio se acelera en otros países, Guatemala corre el riesgo de quedarse atrás.




