viernes, julio 10, 2026

Carreteras en mal estado, el costo oculto que termina pagando toda la población

Los baches, puentes deteriorados y rutas sin mantenimiento no solo complican el tránsito. También incrementan el costo de transportar mercancías y terminan influyendo en el precio de los productos que llegan a los hogares.

Cuando una persona encuentra un bache en la carretera, probablemente piensa en una llanta dañada o en un viaje incómodo. Sin embargo, para un camión que transporta alimentos, medicamentos o materias primas, ese mismo bache representa combustible adicional, desgaste mecánico y más tiempo en el camino.

Multiplique esa situación por cientos de viajes diarios y el resultado es una cadena logística más costosa. El impacto no queda únicamente en las empresas de transporte: termina reflejándose en el precio de los productos y en la capacidad del país para mover mercancías de forma eficiente.

“Las carreteras son el punto de conexión entre las áreas de producción, los centros de distribución, los puertos y los mercados. Cuando esa red pierde eficiencia por falta de mantenimiento, toda la cadena empieza a resentirlo”, señaló Claudia de Del Águila, Directora de Incidencia del Entorno Exportador de AGEXPORT.

Un camión que normalmente tarda cuatro horas en llegar a su destino puede necesitar seis debido al deterioro de la carretera o a un desvío provocado por un puente en malas condiciones. Son dos horas adicionales de combustible, salario del conductor, depreciación del vehículo y menor productividad, porque ese mismo camión ya no podrá realizar otro viaje durante la jornada.

En el caso de los productos perecederos, el tiempo también juega en contra. Un cargamento de frutas, vegetales o lácteos que permanece más horas en carretera aumenta el riesgo de pérdidas por golpes, cambios de temperatura o retrasos en la entrega.

La situación se repite en distintos sectores. Una empresa que distribuye medicamentos debe recorrer una ruta alterna porque un tramo presenta daños estructurales; un productor agrícola invierte más en trasladar su cosecha desde una comunidad rural; una fábrica recibe tarde la materia prima porque el transporte avanza a menor velocidad. Son escenarios distintos, pero con un mismo resultado: mover mercancías cuesta más.

Las consecuencias van más allá del transporte. Cuando los costos logísticos aumentan, las empresas tienen menos margen para invertir, expandirse o competir en nuevos mercados. En paralelo, los consumidores enfrentan productos cuyo precio incorpora esos sobrecostos que pocas veces son visibles.

La infraestructura vial, por ello, deja de ser un asunto exclusivo de quienes conducen un vehículo pesado. También influye en la competitividad, en el abastecimiento de los mercados y en el costo de vida de la población.

“Contar con carreteras en mejores condiciones no significa únicamente reducir el tiempo de un viaje. Significa facilitar el comercio, disminuir costos logísticos, conectar con mayor eficiencia las regiones productivas y generar condiciones para que Guatemala pueda crecer con una red de transporte más segura y competitiva”, concluyó Claudia de Del Águila.

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