El clima cambia, los costos suben y las carreteras complican el traslado de las cosechas. Aun así, los productores agrícolas vuelven cada día al campo, toman decisiones y mantienen activa una cadena que genera empleo y conecta a Guatemala con el mundo.
Un aguacero fuera de tiempo puede dañar en pocas horas lo que tomó meses cultivar. Una carretera bloqueada puede impedir que un producto fresco llegue a su destino. Y un aumento en el precio del fertilizante, la energía o el transporte puede reducir el margen previsto para toda una cosecha.
Para el productor agrícola, estos riesgos no son asuntos lejanos. Forman parte de la jornada.
Decidir con el clima en contra
Quien trabaja la tierra no consulta el pronóstico únicamente para saber si llevará paraguas. De la lluvia, la temperatura y la disponibilidad de agua dependen la siembra, el manejo del cultivo y la fecha de cosecha.
El cambio climático ha vuelto más difíciles esas decisiones. Hay temporadas secas que se prolongan, lluvias que llegan con mayor intensidad y plagas que obligan a reaccionar con rapidez. Frente a ello, los productores han ajustado calendarios, mejorado sistemas de riego, probado nuevas variedades e incorporado tecnología.
No siempre se trata de grandes inversiones. En muchos casos, adaptarse comienza con cambiar una práctica, buscar asesoría o encontrar otra manera de cuidar el agua y el suelo.
La cosecha no termina en la finca
Producir es solo una parte del recorrido. Después hay que clasificar, empacar, transportar y entregar. Si el camino está dañado, el puerto se congestiona o un trámite se retrasa, el producto pierde tiempo y la empresa asume el costo.
Esto resulta especialmente crítico para frutas, vegetales, flores y otros productos que no pueden esperar indefinidamente. El reloj comienza a correr desde el momento de la cosecha.
Por eso, detrás de cada envío agrícola que llega a otro mercado hay mucho más que tierra fértil. Hay planificación, cumplimiento de requisitos, inversión y personas resolviendo problemas antes de que el producto salga del país.
Resiliencia no significa acostumbrarse
En el Día Nacional del Agricultor y Empresario Agrícola, vale la pena reconocer esa capacidad de continuar. Pero también conviene decirlo con claridad: la resiliencia no puede convertirse en una excusa para normalizar carreteras deficientes, costos elevados, escasez de agua o procesos que restan competitividad.
El productor agrícola ha demostrado que sabe adaptarse. Ahora necesita un entorno que acompañe ese esfuerzo.
“Celebrar su trabajo también significa atender las condiciones en las que produce. Porque el campo guatemalteco no solo siembra alimentos y productos de exportación: siembra empleo, sostiene comunidades y abre oportunidades que comienzan en una parcela, pero pueden llegar mucho más lejos”, comentó Claudia de Del Águila, Directora de Incidencia del Entorno Exportador de AGEXPORT.





