viernes, junio 26, 2026

Por qué las exportaciones también importan en su vida cotidiana

Las mismas carreteras que hacen perder horas a miles de guatemaltecos, los puertos donde los barcos esperan para descargar, la factura de la energía que cada mes pesa más en los hogares y los trámites que parecen no terminar tienen algo en común: también frenan las exportaciones del país.

Salir una hora antes porque hay un tramo de carretera destruido. Hacer fila para un trámite que toma más tiempo del esperado. Ajustar el presupuesto del mes porque la factura de la electricidad volvió a subir. Son situaciones tan cotidianas que muchas veces se asumen como parte de vivir en Guatemala.

Lo que pocos imaginan es que esos mismos problemas también acompañan el recorrido de una caja de arvejas hacia Estados Unidos, de una camiseta rumbo a Canadá o de un frasco de café que viaja hacia Europa.

Las barreras que enfrentan las exportaciones no comienzan en una aduana. Empiezan en el mismo lugar donde comienza el día de millones de guatemaltecos.

La carretera que desespera al conductor también pone en riesgo una exportación

Para cualquier persona, un bache significa llegar tarde al trabajo o perder una cita importante. Para una empresa que exporta frutas, vegetales o productos perecederos, ese mismo retraso puede significar perder un embarque completo.

Cada kilómetro recorrido a menor velocidad aumenta el consumo de combustible, el desgaste de los vehículos y el costo del transporte. Si la mercancía no llega al puerto cuando el barco está listo para salir, la oportunidad de negocio puede quedarse en tierra.

Mientras una familia pierde tiempo en el tráfico, una empresa pierde competitividad.

En los puertos también existen filas… solo que duran días

Todos conocen la frustración de esperar. Esperar en una fila del banco, en una oficina pública o en un embotellamiento.

En los puertos ocurre algo parecido, pero las filas las hacen los barcos.

Cuando una embarcación debe esperar varios días para atracar, la mercancía permanece detenida. Los exportadores pagan más por almacenamiento, por transporte y por retrasos. Al final, esos costos terminan incorporándose al precio de los productos y reducen la capacidad del país para competir con otras naciones donde la logística es más eficiente.

No es un problema que ocurra únicamente detrás de los muelles. También repercute en quienes producen, transportan, venden y trabajan alrededor de las exportaciones.

La electricidad no pesa solo en el recibo de la casa

Cada vez que aumenta el costo de la energía, las familias reorganizan sus gastos. Las empresas hacen exactamente lo mismo.

Una planta procesadora de alimentos, una fábrica de textiles o una empresa de manufactura dependen de un suministro eléctrico constante y de costos que les permitan producir sin perder rentabilidad. Cuando la energía es más cara, producir también lo es.

Eso reduce recursos para invertir, ampliar operaciones o generar nuevos empleos.

Cuando un trámite tarda, el país también se detiene

Todos han escuchado la frase: “todavía está en trámite”. En el comercio exterior, esa espera también existe.

Permisos, autorizaciones y procesos que podrían resolverse en menos tiempo terminan retrasando la salida de mercancías. En un mercado donde los compradores esperan respuestas rápidas, cada día adicional puede marcar la diferencia entre concretar un negocio o perderlo frente a otro proveedor.

Simplificar los procesos no solo beneficia a quienes exportan. También significa un Estado más eficiente para los ciudadanos.

Mismo problema, dos realidades

A veces pareciera que hablar de exportaciones es hablar únicamente de empresas. En realidad, las exportaciones comienzan mucho antes de que un contenedor llegue a un puerto.

Empiezan en la carretera que utiliza un agricultor para sacar su cosecha. En la electricidad que mantiene funcionando una fábrica. En el trámite que autoriza un envío. En el camión que comparte la misma ruta que miles de automovilistas cada mañana.

Por eso, cuando se habla de mejorar los puertos, construir mejores carreteras, reducir el costo de la energía o simplificar los trámites, no se trata únicamente de hacer más competitivas a las empresas. Se trata de resolver problemas que afectan todos los días a quienes producen, trabajan, emprenden y consumen en Guatemala.

“Convertir a Guatemala en un país más competitivo significa resolver problemas que impactan a todos. Cada carretera en mejores condiciones, cada trámite automatizado, más oferta de energía con infraestructura de transmisión y cada mejora logística y portuaria fortalecen las exportaciones y, al mismo tiempo, crean más oportunidades para las familias guatemaltecas. La competitividad es un esfuerzo en el que todos participamos y cuyos beneficios alcanzan a todo el país”, indicó Claudia de Del Águila, Directora de Incidencia del Entorno Exportador de AGEXPORT.

Porque las barreras para exportar son, en el fondo, las mismas barreras que frenan al país.

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