Opinion Agexport

por-alfonsoMe llama profundamente la atención cuando en algunos ámbitos de discusión teórica sobre desarrollo económico se presenta la comparación entre Guatemala y Corea del Sur en la década de los 1950’s con la de medio siglo después.   Por medio de cuadros con estadísticas de ambos países, algunos analistas económicos hacen ver sin que quepa lugar a dudas que en los 50’s Guatemala llevaba la delantera ampliamente y que ahora el panorama ha dado un giro de 180 grados, encontrándose Corea del Sur con niveles de primer mundo mientras tenemos una Guatemala cuya posición en los rankings regionales, ya no digamos mundiales, nos avergüenza.

Entre las posibles causas de esa disparidad en nuestro desarrollo con relación al coreano no he visto que se mencione el efecto que tuvo la manufactura de productos textiles para exportación, inicialmente ensamblando prendas de vestir, lo que conocemos como la maquila, que se inició en Corea del Sur precisamente hace 50 años, cuando Corea terminaba con una guerra que dejaba un país destruido y dividido con millones de personas desempleadas.

Entonces la maquila entró al rescate.  No tengo los detalles como para decir que sucedió primero, si fueron los empresarios estadounidenses los que llegaron a Corea a buscar la manufactura de ropa, o fueron los empresarios coreanos los que viajaron a ofrecerla a Estados Unidos.  Me inclino a creer que fue lo primero y que, además, llegaron los norteamericanos a Corea inducidos, subsidiados y ampliamente apoyados por su gobierno.  Y hallaron un suelo fértil, con abundante mano de obra con disciplina y un empresariado local que supo aprovechar la oportunidad.  Un gobierno que supo apostar a la generación de empleo por medio de la manufactura liviana.

Dae Woo, una de las más grande empresas de Corea del Sur, que hoy hace maquinaria pesada, vehículos y productos de alta tecnología, comenzó, precisamente, como una maquila de ropa.

En Guatemala no fue por una política de los Estados Unidos.  Hubo, si, un pionero nacido en ese país el que dio la primera puntada maquilera.  En 1973 el concepto de maquila ni se conocía cuando vino Hank Robbins a fabricar pantalones de lona, “Blue Jeans” para la empresa familiar en Nueva York.  Con lona – denim – de muy buena calidad hecha en Nicaragua, una sala de corte por la terminal, y un grupo de talleres a los que les apoyaba con maquinaria, con los Rodas, Barrios, Ruano, Ramírez comenzó la exportación de ropa guatemalteca para el mercado norteamericano.  A las “segundas” se les cosía la etiqueta “Outerlimits” y se vendían en una cadena de almacenes.

Los tradicionales confeccionistas de ropa de Guatemala estaban expectantes.  La Elegante, Camisería España, Pasarelli, Pamarco, fueron entrando a la exportación o cerrando.

La emisión de leyes que regularan y estimularan la manufactura de productos para exportación utilizando materia prima importada libre de impuestos llegó con el Decreto 21-84.  El buen olfato empresarial local pronto impulsó que creciera la producción textil local y se desarrollara la de suministros relacionados como botones, etiquetas bordadas, cerchas, etc.   Para entonces Hank Robbins ya tiene una planta con 800 operarios y, siempre pionero, ya contrata producción con los camiseros de San Pedro Sacatepéquez.

Con apenas 5 años de vida el 21-84 ya no respondió a la altura del ritmo que tomo la maquila y su diversificación y se hizo necesaria su sustitución por el Decreto 29-89.  Entonces los beneficios alcanzaron a la agroindustria y las exportaciones del país se convirtieron en mayoritariamente manufacturas cambiando el paisaje económico del país para siempre.

Y nos encontramos nuevamente con Corea del Sur.  Aquella maquila que sentó las bases para su salida del subdesarrollo, hoy exporta inversionistas y tecnología buscando la proximidad del gran mercado consumidor, mano de obra eficiente y de buen precio y, por encima de todo, la certeza jurídica de contar con los incentivos necesarios para poder competir con un producto en el que los márgenes de utilidad son bajos y la ganancia está en el volumen de lo exportado.  Y así se superaron los 200,000 empleos directos para la primera década del nuevo siglo.  Vale la pena aquí recordar que uno de sus primeros subproductos del crecimiento de la maquila textil, que emplea predominantemente mujeres con ninguna o muy baja escolaridad, fue la elevación de los salarios del servicio doméstico.

Pero las leyes que atraen este tipo de inversiones son muy dinámicas y la competencia entre naciones es mucha.  Otros países de la región centroamericana y caribeña fueron mejorando su oferta de incentivos fiscales y generando otros estímulos a la inversión y al quedarse atrás Guatemala, la migración de la maquila inicio.   Hoy solamente quedan 80,000 empleos en las maquilas.

Que la comparación entre Guatemala y Corea del Sur de antes y de hoy sirva para motivar la pronta legislación que salve los empleos que quedan en las maquilas.  No dejemos que se pierdan.

 

Andrea Vides
Andrea Vides
Guatemalteca, periodista desde hace 7 años. Apasionada por la comunicación. @avides_vgt

Te gustaría recibir las últimas noticias del Sector Exportador guatemalteco, Suscríbete a nuestro Newsletter